Celos y amor ¿Es inevitable sentirlos?
Foto de Christian Erfurt
De seguro, alguna vez experimentaste celos en tus relaciones, por diferentes circunstancias. Ya sea en el trabajo, con amigos, familia o vínculos sexo-afectivos, estos se manifiestan como un estado emocional desagradable. Nos pueden llevar a comportarnos de forma irracional con los demás, tratando de que desaparezcan por medio de control, agresiones y vigilancia.
Hay personas que incluso los romantizan, al punto de defenderlos como una señal de interés y amor. Muchas series y películas muestran a enamorados, que arman planes rebuscados para despertarlos, pero ¿son realmente señales de amor? ¿Qué podemos hacer si los experimentamos?
Algunas definiciones
“Los amores más duraderos son aquellos en que uno de los dos amantes es extraordinariamente celoso.” - Mariano José de Larra
La RAE tiene algunas definiciones interesantes. En primer lugar, habla de un “interés extremado y activo”; del temor de que “lo propio o pretendido llegue a ser alcanzado por otra persona”. Aquí, se resaltan dos características fundamentales: los celos como señal de interés y su carácter posesivo. Se cela aquello que nos pertenece o que queremos tener y a lo que dedicamos un esfuerzo significativo para alcanzarlo.
También se define como la “sospecha, inquietud y recelo de que la persona amada haya mudado o mude su cariño, poniéndolo en otra”. Nuevamente, se habla de la perdida de algo que se cree propio, en este caso el afecto, asumiendo un tipo de amor exclusivo; puesto que al perderle, este debe dirigirse hacia alguien más. Se valida entonces la idea de pertenencia, como si de objetos se tratara.
![[object Object]](https://images.pexels.com/photos/2409681/pexels-photo-2409681.jpeg?auto=compress&cs=tinysrgb&dpr=2&h=650&w=940)
Esta idea puede verse reforzada por el modelo de relación que se escoja. Por ejemplo, la monogamia lleva implícita la idea de que hay situaciones que sólo se pueden hacer con la pareja, especialmente a nivel sexual. Son predefinidas a la hora de iniciar una relación, incluso en personas abiertas a probar otras alternativas. ¿De dónde vienen esas reglas tan aceptadas? Son el resultado de un proceso histórico y social, muy relacionado con la idea de amor que hemos construido.
El amor romántico
“El que no tiene celos no está enamorado” - San Agustín
La concepción que tenemos hoy en día sobre el amor, es el resultado de un proceso que se ha dado a lo largo de la historia occidental. Tiene vestigios en la época clásica, en referencias como las relaciones de los dioses y héroes; la invasión a Troya por Helena o la eterna espera de Penelope por su esposo Odiseo, serian algunos ejemplos. Obras de épocas posteriores como Romeo y Julieta llevan el amor hasta la muerte que implica la entrega total al único ser amado.
Sin embargo, su construcción moderna se consolida especialmente en el siglo XVIII, cuando el vínculo afectivo en los matrimonios empieza a tener mayor relevancia. De esta forma, se empieza a configurar un amor ideal que se nos enseña a través de las generaciones.
Es algo mucho más notorio en el caso de las mujeres. El matrimonio constituía para ellas un traspaso de propiedad del padre al esposo, que significaba beneficios para la familia. Si bien el tipo de amor ideal dejó de lado la transacción económica, mantuvo implícita la de pertenencia.
Bajo este modelo se construye un tipo de amor que debe durar toda la vida, limitado a una sola persona, por la que se experimenta deseo y afecto al tiempo. Existe una entrega mutua, planteando no solo la exclusividad sexual, sino también de aquellas situaciones que puedan propiciar la atracción. Cuando alguno de los dos da señales de haber sobrepasado los límites aparecen los celos.
Redefiniendo los celos y su impacto
“Y mi ardiente pasión murió de frío; que así muere el amor cuando no hay celos.” - Antonio García Gutiérrez
Tanto la romantización como el desprecio de los celos puede ser problemático. Son básicamente un conjunto de sentimientos y emociones: angustia, preocupación, inseguridad, tristeza, enojo, etc, que surgen ante determinada situación interna. Son un indicador de algo que nos está afectando individualmente y que debe ser atendido de alguna forma; por ello, el problema no es experimentarlos, sino lo que hacemos con ellos.
Una respuesta, quizás la más frecuente, suele ser detener aquellas situaciones que los generan, lo que lleva a querer controlar las decisiones de la otra persona: evitar una salida, exigir que se terminen ciertas amistades, limitar el tiempo que pasa con alguien o la frecuencia a la que asiste a algún lugar. Estas conductas pueden terminar siendo aceptadas si se cree que efectivamente se están cometiendo acciones que van en contra del ideal de amor, en el que los celos son responsabilidad de quien los despierta.
Muchas veces se reconoce lo problemático de ese tipo de demandas, pero suelen pensarse en niveles. Comportamientos considerados menos graves se interpretan incluso de forma positiva; preguntar dónde estaba y con quien, se entiende como medidas de protección, cuando en realidad puede esconder inseguridades relacionadas con la falta de confianza en el otro. El problema es que a medida que avanza la relación, facilita que se normalicen conductas mucho más vigilantes y restrictivas sin darse cuenta.
En estas estrategias, el trasfondo de los celos es ignorado y sólo se refuerzan las conductas problemáticas, llevando a limitar la libertad de los involucrados. Al final, no son más que un síntoma de algo que no está funcionando, pero no en la pareja, sino en quién los esta viviendo. Más allá de desearlos o rechazarlos, son una oportunidad para entender nuestro mundo interno.
Atender el verdadero problema
“Cuando el hombre es celoso, molesta; cuando no lo es, irrita.” - Refrán popular
Independiente del tipo de relación y los acuerdos que se den, los celos pueden aparecer en mayor o menor medida. En el poliamor existe mucha más flexibilidad que en la monogamia respecto a lo que está permitido, tanto en lo afectivo y en lo sexual; sin embargo, detalles mínimos como el tiempo que se le dedica a alguien llega a desencadenarlos. Esto es, porque ni el modelo ni las situaciones externas son los verdaderos desencadenantes.
Aparentemente surgen en la relación, pero realmente son cargas propias de nuestra historia personal. La inseguridad, la necesidad de control, el machismo o la desconfianza nos acompañan desde antes. Es responsabilidad de cada uno hacerse cargo de lo que siente. Esto no significa que se tenga que afrontar solo. Puede ser una experiencia difícil y dolorosa, y las acciones de los vínculos cercanos pueden ayudar. Al ir más allá de lo aparente, nos enfrentamos con creencias, pensamientos o experiencias desagradables.
No existen soluciones mágicas que funcionen para todos, pero es relevante tener en cuenta diferentes puntos. Comunicar aquello que nos hace sentir mal, nos permite fortalecer la confianza en una relación y recibir el apoyo emocional que necesitamos; sin embargo, nuestros vínculos pueden verse desbordados, por lo que un proceso terapéutico nunca está de más.
Reconocer que es valido sentirlos, nos permite entenderlos como oportunidad, más allá de las ideas románticas o los comportamientos abusivos con los que se les asocia. No es fácil atenderlos, pero hacerlo nos permitirá construir relaciones libres.
“Deja que los celos sean tu maestro. Los celos te pueden llevar a los lugares en los que más necesitas curarte. Pueden guiarte para entrar en tu propio lado oscuro y mostrarte el camino para realizarte por completo. Los celos te pueden enseñar a cómo vivir en paz contigo y con el mundo entero si los dejas” - Deborah Anapol – Love without limits
