50 años de orgullo

Foto de Diana Davies - Marcha del Orgullo 1971

“La norma impuesta era sentir vergüenza, a tal punto de tener que esconderse y suprimir los deseos más íntimos, puesto que incluso el ámbito privado era escenario de persecución”

El 28 de junio es considerado el día internacional del orgullo LGBTIQ, realizándose marchas en diferentes partes del mundo. La fecha conmemora las manifestaciones que se dieron en el bar Stonewall Inn, en la ciudad de Nueva York, antecedido por revueltas en otros lugares del país, como consecuencia de la constante discriminación y ataques por parte de las autoridades.

[object Object]
Frente de Liberación Gay (GLF) en Times Square – Foto de Diana D

Para comprender la importancia de celebrar el orgullo, en el presente artículo abordaré el contexto histórico de criminalización y estigmatización en Estados Unidos, las revueltas que se dieron y su extensión progresiva a gran parte del mundo. Es relevante señalar, que la revolución no se concretó allí, en cada país se venían desarrollando movimientos de reivindicación de derechos. Stonewall, fue la llama que desencadeno algo que ya se venía gestando y marco un giro en la forma en que se hacía. La idea ya no era encajar en los estándares sociales, sino ser aceptados por lo que somos. Finalmente, plantearé la deuda que existe al interior del movimiento con las poblaciones que siguen padeciendo los peores tratos, quienes fueron protagonistas de la lucha y hoy en día sus necesidades y demandas particulares han sido eclipsadas.

La vergüenza de ser diferente

Existen tres áreas a partir de las cuales considero, se ha atacado la diversidad a lo largo de la historia. La religión, el derecho y la medicina, construyeron un modelo de sexualidad humana, con énfasis en las prácticas sexuales normales y anormales; sin embargo, esta va más allá. Es un aspecto integral de los seres humanos, que incluye la experiencia del propio cuerpo, el género, la identidad, los deseos, la atracción y el afecto que experimentamos por otros, por lo que pueden existir múltiples experiencias igual de validas.

Desde la religión, se ha utilizado la figura del pecado para señalar los comportamientos que no deben ser permitidos y que impedirían alcanzar la gracia de dios. “No te echarás con varón como con mujer; es abominación” Levítico 18:22, “No vestirá la mujer traje de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer; porque abominación es a Jehová tu Dios cualquiera que esto hace” Deuteronomio 22:5. Estos versículos, entre otros, han sido usados en la persecución, ataque y muerte de millones de personas, bajo el rotulo de la depravación y la inmoralidad. Según la tradición cristiana, fue la razón de la destrucción de Sodoma, incorporándose la expresión “sodomía” en referencia a la homosexualidad. La experiencia de la fe es un elemento respetable de todo ser humano, pero no cuando agrede y vulnera los derechos de terceros. No se puede negar que es todavía el sustento de la ofensiva retardataria que no se cansa de juzgar vidas ajenas en función de sus estándares morales.

[object Object]
Manifestación Bar Christopher´s End – Foto de Diana Davies

El derecho, se consolidó como el brazo regulador de las conductas consideradas perjudiciales, muy a la par de la religión, especialmente cuando los límites entre ambas eran difusos o inexistentes. Se crearon leyes que criminalizaron la homosexualidad, con penas que buscaban sancionar y castigar comportamientos considerados desviados. A lo largo de la historia se hizo uso del encierro, la lapidación, la castración, el destierro y la muerte. Las expresiones de género que no estaban ligadas a los estándares de un sexo biológico particular, fueron las más perseguidas. Para mediados del siglo XX, en Estados Unidos, todavía existían las llamadas “Leyes contra la sodomía”, con sentencias de prisión, trabajos forzados, acoso constante y escarnio público. Hoy en día, existen al menos 71 países que continúan con este tipo de prácticas.

Por su parte, la medicina amplió el panorama, dándose la autoridad de una verdad indiscutible al abordar la homosexualidad como parte de la conducta sexual anormal. En palabras de Foucault: “…una ciencia hecha de fintas (engaños), puesto que, en la incapacidad o el rechazo a hablar del sexo mismo, se refirió sobre todo a sus aberraciones, perversiones, rarezas excepcionales, anulaciones patológicas, exasperaciones mórbidas”. Se subordinó a imperativos morales, reforzada posteriormente en la corriente del higienismo, el temor a la enfermedad y la preocupación por la asepsia. La consecuencia a cualquier tipo de desviación era la misma muerte, la de los individuos, las generaciones y hasta de la especie. Ese interés y perspectiva médica condujeron a que, en 1952, la homosexualidad ingresara al Manual diagnóstico y estadístico de enfermedades mentales (DSM), de la Asociación de Psiquiatría Americana (APA) y la transexualidad en la tercera versión de 1990.

Los primeros levantamientos

Si nos ubicamos en los años 60, el mensaje era claro: la homosexualidad y la transexualidad eran un pecado, un crimen y una enfermedad. A toda la diversidad de posibilidades se le colocaba la misma etiqueta. Se perseguía con los mismos elementos médicos y legales a todo aquel que rompiese con los roles binarios de género, ligados al sexo biológico. Ese contexto hostil implicaba ser un paria social, carente de derechos y fácilmente descartable, la condición perfecta para el abuso de las autoridades. Transitar por el espacio público ya era una ofensa, un delito y un riesgo. La norma impuesta era sentir vergüenza, a tal punto de tener que esconderse y suprimir los deseos más íntimos, puesto que incluso el ámbito privado era escenario de persecución.

[object Object]
Miembros de la Mattachine Society de Washington – Foto de Kay Tobin

El hartazgo en Estados Unidos empezó a llegar al límite. No solo había desprotección por parte del Estado, sino que sus representantes eran quienes más violencia ejercían. El travestismo era ilegal, por lo que las personas transgénero se convirtieron en el principal objetivo de la persecución. Entre 1959 y 1966 ocurrieron diferentes enfrentamientos, previo a los disturbios de Stonewall.

  • Para la celebración de fin de año en 1966, agentes infiltrados empezaron a arrestar a clientes de un evento por besarse al marcar las 12, golpeándolos y arrestando a unas 16 personas.

La revuelta que lo cambió todo

[object Object]
Stonewall Inn – Foto de Diana Davies

La madrugada del 28 de junio de 1969, marcó el inicio del movimiento LGBTIQ a nivel global. Como era de costumbre, la policía organizó una redada en el Stonewall Inn, un establecimiento nocturno ubicado en Christopher Street, Nueva York. A la 1:20am apagaron la música, bloquearon las salidas y solicitaron que todos presentaran su identificación mientras salían. Estos procedimientos estaban cargados de violencia, verificaciones de sexo a las personas trans, golpes y humillaciones, muchos salieron del bar esposados y sometidos. La gente que quedaba libre no se retiró y se empezó a formar un grupo grande afuera. La tensión iba en aumento, tiraron monedas y botellas. Algunos transeúntes o residentes del barrio, que se oponían a los abusos, se sumaron e inició el disturbio. Los agentes fueron rodeados y se atrincheraron en el bar, hasta la llegada de las unidades antidisturbios que intensificaron la situación. Por primera vez, los policías habían tenido que retroceder ante quienes siempre despreciaron.

Al día siguiente se volvieron a reunir. En medio de los disturbios se dieron expresiones afectivas en plena vía pública, algo inédito en esa época, marcando un cambio en la forma de exigir derechos, mediante la visibilización de los comportamientos que siempre se procuraron ocultar. Algunas arengas como “Drag power” o “Gay power”, acompañaban los enfrentamientos, se volcaron coches, se incendiaron contenedores de basura. El lunes, martes y miércoles continuaron las revueltas, denunciando los abusos de la policía y las leyes discriminatorias.

[object Object]
Primera Marcha del Orgullo, Nueva York – Foto de Diana Davies

Como consecuencia de los disturbios se creó el Frente de Liberación Gay (GLF) y un año después, se dio la primera marcha del Orgullo, desde Christopher Street hasta Central Park, un recorrido de 51 calles. Cada año se fueron sumando otros puntos, tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo. La primera ciudad, fuera de Norteamérica, fue Londres, en 1972. En Latinoamérica, la primera ocurrió el 22 de abril de 1973 en Santiago de Chile, luego Ciudad de México en 1979, Bogotá, Colombia en 1982, Buenos Aires, Argentina en 1992 y Lima, Perú en 1995. De esta forma, el movimiento cobro fuerza a nivel mundial, trayendo cambios legislativos y culturales. Pese a esto, a 50 años de su comienzo, queda mucho por realizar y la discriminación sigue latente en nuestras sociedades.

La deuda pendiente

Es innegable los cambios que se han logrado en el mundo, pese a la confrontación de sectores que se oponen con fuerza. La homosexualidad dejo de ser vista como enfermedad mental por la comunidad científica internacional, las normas que penalizan las relaciones entre personas del mismo sexo han disminuido, al igual que aquellas respecto al género, el matrimonio igualitario es legal en 29 países y el respeto a la diversidad se ha ido generalizando en diferentes lugares. Sin embargo, ante la lucha por el reconocimiento de derechos, la respuesta sigue siendo el avivamiento de viejos prejuicios, cargados de violencia e ignorancia. En los púlpitos se nos continua llamando pecadores, insisten en curarnos con terapias peligrosas, condicionan el acceso a procesos médicos para personas trans a la patologización y se pretenden limitar las libertades que se han alcanzado por medio de nuevas leyes que llevan al silenciamiento y la censura.

[object Object]
Marsha P. Johnson – Foto de Diana Davies

Esta violencia no viene solo de quienes atacan el movimiento, sino que se vive al interior. Entre más marcada sea la diferencia con la idea de “normalidad”, mayor es el nivel de rechazo y es algo que suele ocurrir entre los que se acercan al modelo de género hegemónico según su sexo y los que se distancian. Las peores humillaciones las han experimentado aquellos con la valentía de expresarse a plenitud, mostrando con orgullo los tacones altos, los vestidos despampanantes o el maquillaje; que transitan lo público con movimientos provocativos y retadores al género binario y a una masculinidad machista, que se quiebra en su presencia; aquellos que no han tenido tabú de explorar la desnudez de sus cuerpos, el sexo libre o que no se interesan por encajar en un ideal de vida prefabricado, monógamo y tradicional.

Las personas trans son la mejor expresión de valentía. Se necesita bastante para atacar un machismo tan arraigado, que violenta cualquier distanciamiento al sistema binario imperante. Siempre han puesto sus cuerpos en primera fila en contra de los violentos para desafiarlos; no obstante, hoy en día su realidad sigue siendo la más afectada, su esperanza de vida no supera los 35 años, sus asesinatos y la impunidad, se han vuelto algo demasiado frecuente.

[object Object]
Sylvia Rivera – Foto de Diana D

Marsha P. Johnson fue una de las protagonistas en Stonewall, apoyo a muchas personas desposeídas y excluidas, estuvo presente en el surgimiento del VIH, apoyando a muchos mientras cientos morían sin que le importara a nadie y aun así su muerte, en 1992, no ha sido esclarecida ni parece que vaya a recibir justicia nunca. Sylvia Rivera, una de las mujeres más fuertes y rebeldes del movimiento de Estados Unidos, fue abucheada en 1973 en la propia marcha del orgullo por visibilizar la hipocresía de los que creía eran sus compañeros. Ambas gritaron, por años, la expresión “gay power”, llenas de fuerza y convicción. Se echaron al hombro la lucha de sus pares, pero sus demandas fueron constantemente ignoradas y aplazadas.

Nunca más la humillación

Las marchas deben continuar, cada vez con mayor fuerza, pero sin olvidar gracias a quienes hemos conseguido lo que tenemos. Los marginados por la sociedad convirtieron al mundo en un lugar menos inseguro para la diferencia, incluso poniendo sus propias vidas en el proceso. Es una celebración y a la vez un acto político, en el que le decimos a la sociedad: ¡aquí estamos y no nos van a sacar! uniendo las manos, los labios, los cuerpos, existiendo de la forma en que mejor nos apetezca, aunque no les guste a quienes se espantan con lo que no entienden.

[object Object]
Frente de Liberación Gay (GLF) en Times Square – Foto de Diana D

No volveremos a agachar la cabeza, porque poder mirar a la sociedad a la cara, después de lo que les hizo a tantos que estuvieron antes que nosotros, es la razón por la cual se conmemora el orgullo y le da sentido a esa palabra, ese fue el cambio en 1969, una revolución en contra de la opresión mediante la visibilización. Nunca más seremos obligados a sentir vergüenza de lo que somos, sentimos y deseamos, por eso hay que seguir marchando, con la mirada alta y orgullosa.