Relaciones poliamorosas entre el sexo y el afecto
Foto de Dainis Graveris
Detrás de cada persona, existe un universo de posibilidades en diferente grado de cercanía. Con algunas compartimos situaciones que no haríamos con nadie más, marcando las reglas de lo permitido y lo que no. En ese amplio abanico de posibilidades el sexo y el afecto se experimentan de formas diferentes; sin embargo, ninguno de los dos se encuentra atado a un modelo particular y la manera de vivirlos puede variar. Las relaciones poliamorosas engloban diferentes formas de experimentarlo, más allá de lo tradicional.
Uno de los cambios que ha traído la era de la visibilidad, ha sido la aparición en la escena pública de relaciones consideradas tabú. Actualmente, se forman comunidades en línea con ideas compartidas, como aquellos que buscan explorar su sexualidad y sus emociones más allá de la validación social. El presente artículo explorará parte de esas posibilidades. Se identificarán algunas características generales, así como los retos que surgen y lo que implica vivir fuera de la monogamia.
“Las reglas de una relación las construyen los involucrados”
Los modelos tradicionales
En principio, es necesario plantear aquellas ideas de relación con las que nos hemos familiarizado desde la infancia. La expresión “tradicionales” se utiliza para referir aquellos modelos que cuentan con mayor visibilidad y aceptación social. Al ser propuestas mayoritarias se convierten en un ideal que se debe alcanzar y marcan los ritmos de la vida socialmente esperada. Eso no significa que sean negativos, pero al naturalizarlos se generan prejuicios y discriminación a quienes no se adecuan a la norma.
En ese sentido, la monogamia se ha consolidado en la expectativa social por excelencia. Quienes hacen parte, se confieren la exclusividad del sexo y de un amor particular. No se puede experimentar por nadie más y su expresión difiere a la de otros afectos significativos, como en las amistades o la familia. Otra característica es su organización en dúos, de ahí que al hablar de este tipo de vínculo se asocie a la conformación de una pareja.
A esa idea base, se le pueden sumar otras tradicionales pero independientes, puesto que la variación no implica que se deje de estar en monogamia. Una de ellas es el requisito de heterosexualidad. Por años, solo hombre y mujer podían conformar pareja, las relaciones entre personas del mismo sexo fueron penalizadas, situación que se mantiene en algunos países. Otra característica, muy relacionada con la anterior, es la reproducción y la necesidad de una unión de por vida, institucionalizada en la figura del matrimonio.
Afortunadamente estas características se han ido relativizando. El divorcio derrumbo el “para siempre”, el respeto a la diversidad sexual amplió el concepto de pareja y la maternidad dejó de ser requisito indispensable para un proyecto de vida común. Esto ha permitido que las expectativas propias no se deban supeditar a una institución como la familia. Las personas tienen mayor oportunidad de rechazar circunstancias violentas, que se permitían por cumplir con ideales sociales impuestos.
Las alternativas para relacionarnos
La monogamia se entiende como otro modelo posible, ni el único y menos el ideal universal. Sigue siendo válido para quienes estén de acuerdo en incorporarlo, pero existen muchas posibilidades. A estas alternativas se les ha agrupado en las relaciones poliamorosas, al cuestinar la exclusividad del sexo y el amor. Su configuración varia en el número de integrantes, el género, las interacción permitidas y los límites externos. A continuación, se darán algunos ejemplos.
- Sin exclusividad sexual ni afectiva
Existen otras formas de vinculación en las cuales la lógica es la apertura total, tanto en el sexo como en los afectos. Eso no significa que no haya compromiso, al contrario, lo requiere para que los acuerdos a los que se lleguen puedan funcionar. Se pueden tener múltiples parejas, u organizar comunidades amplias. A diferencia de la poligamia, no hay exclusividad de las personas a la esposa o esposo común, sino que todos son libres de formar sus propios vínculos. Cada vinculo puede estar jerarquizado, otorgando ciertos privilegios; por ejemplo, conformar un vínculo principal con el cual se convive y otros con los que no.
A la hora de llevar a la práctica cualquiera de estas alternativas u otras, las opciones son muy diversas. En cada uno de los modelos, las diferencias dependerán de los acuerdos a los que se llegue. Hay que tener en cuenta que las posibilidades de relaciones son tan amplias como la imaginación y los deseos de los involucrados lo permitan.
Prejuicios y estigma
Ante los retos de cualquier union, para las relaciones poliamorosas se le suman los prejuicios y discriminación, derivados de la falta de comprensión de la sociedad. Surgen justamente del desconocimiento de una realidad y un acercamiento sesgado a la misma. Al pensar en estas alternativas desde una monogamia normativa, se les suele atribuir diferentes ideas, desconociendo los afectos involucrados y la libertad de las personas de elegir.
Quienes se alejan de la monogamia, son percibidos como carentes de compromiso, imposibilitados para conformar familia o proveer cuidado. Se asocia la libertad sexual con irresponsabilidad o carencia de valores. Lo cierto es que en cualquiera de estos modelos se puede constituir familias, ya sea con o sin hijos. Tienen el potencial de ser vínculos muy comprometidos y centrados en el cuidado y el amor mutuo. El sexo y el amor pueden ir juntos o no y sin tener relación con los valores o las habilidades para acuerdos a largo plazo.
¿Qué se necesita para tener relaciones poliamorosas?
Las reglas de una relación las construyen los involucrados, por eso las ideas que se plantean son solo recomendaciones. Si lo tuyo es la monogamia igual puedes ponerlas en práctica, teniendo en cuenta que el modelo elegido no es garantía de nada. Cualquiera tiene la posibilidad de funcionar y permitir una experiencia gratificante, como de terminar en situaciones de abusos y violencia.
- Finalmente, la comunicación debe estar presente en todo momento. No sirve de nada tener claro lo que se desea si no se dice, así como aquello con lo que no se está de acuerdo. Los celos pueden aparecer en cualquier instante y para poder transitarlos de la mejor forma se requiere de un diálogo sincero y abierto. Los problemas requieren ser abordados en conjunto. Por ende, la apertura y comprensión por parte de las otras personas debe estar presente.
Conclusiones
No existe un modelo único de relación al que debamos aspirar todos por igual. Si algo se puede aprender de la conexión global en la que nos encontramos, es que la diversidad es lo común y no representa una amenaza; por el contrario, es una oportunidad de ampliar nuestra comprensión del mundo y de las posibilidades que este ofrece. La monogamia es un ejemplo más de los múltiples modelos que pueden existir. Los límites y las alternativas solo les compete a quienes hacen parte de la experiencia y no deberíamos tener reparos en poder explorarlos libremente. La comunicación y el autoconocimiento son claves en cualquier tipo de vínculo que se plantee. Desde el entendimiento mutuo y la apertura podemos construir relaciones satisfactorias, equitativas y libres.
